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jueves, 11 de junio de 2009

Conociendo los Pueblos de la Ruta Colca

Al visitar el Colca uno no solo puede disfrutar de la maravillas que ofrece este maravilloso lugar turístico sino conocer si así lo desea los alrededores, que de por sí solos ofrecen a sus visitantes una vista maravillosa de su cultura e historia, además uno puede disfrutar y regresar a la época de nuestros ancestros, los incas que vivieron en esos lugares.

Si tienen la dicha de conocer estos lugares, quizá les interese conocer un relato que cuenta acerca de lo mejor de cada pueblo, ya que para un importante sector de la población, la del Colca por ejemplo, analfabeta, heredera de una cultura ágrafa, la tradición oral, es el privilegiado medio con que expresan su visión del mundo.

Cuenta la historia que en Chivay el Inca preguntó a los runas desde la otra orilla del río: "¿Qué quieren allá en la chimba?". Los runas contestaron: "Queremos harta comida". El Inca dijo: "Que haya cebada, que haya quinua". Por eso hasta ahora hay harta cebada, harta quinua.

En Yanque el Inca preguntó a los runas: " ¿Qué necesitan?". Los runas, pasmados, contestaron con arrogancia: "Nada". Hablaron así porque de todo crecía y tenían comida para llenarse. También brotaba harta agua de los puquios, de los cerros. Ante esa actitud, el Inca se enfureció y dijo: "Gente ociosa, 'nada' necesitan, entonces ustedes lo han querido ..." Y el Inca hizo secar los puquios, por eso hasta ahora los yanqueños se siguen robando el agua de Chivay. El agua llega a Yanque del Huaranccate, un cerro que está en la estancia de Chivay. Los yanqueños, ondeando con huaracas, hicieron una guerra para llevarse el agua. Hasta muertos hubo y les ganaron la guerra a los chivaeños. Por eso les quitan su agua.

Cuando el Inca llegó a Maca preguntó lo mismo a los runas: "¿Qué necesitan?" Ellos contestaron rápidamente: "Necesitamos agua". Por eso les dejó agua en el cerro. Y por eso se desliza agua hasta ahora desde dentro del cerro hacia el río y alcanza para todo el pueblo.

Y después, en Pinchollo, el Inca también habló con el pueblo: "¿Qué necesitan?" les dijo. Cuando los runas iban a hablar, al Inca le salió un pedo que sonó "puff!" y por eso hasta ahora hay muchísimo viento en Pinchollo. Los runas, del susto, no dijeron nada.

Cuando el Inca llegó a Cabanaconde lo atendieron muy bien. Allí los runas le dijeron: "Nosotros queremos ser buenas personas, y también queremos buena comida". El Inca sacó entonces de su alforja un maíz bien escogido y se lo dio al runa varayoc diciendo: "Esto comerán los runas del pueblo". Por eso hasta ahora sigue creciendo un maíz rico, suave; y también por eso los lugareños tienen una cara linda y su habla es dulce.

A Tapay ya no alcanzó a ir y tampoco los runas se habían llegado a reunir. Si el Inca hubiera hablado con ellos, hasta la fruta que allí crece sería todavía más sabrosa.

Cuando el Inca llegó a Tisco dijo: "¿Qué quieren?" Dicen que los runas contestaron: "Queremos vestirnos bien". Por eso el Inca dejó entreabiertas hartas minas de oro y plata para que en el futuro se descubran; es por eso que se dice que puede estar habiendo oro y plata en esos lugares.

Después bajó al pueblo de Sibayo. Allí preguntó a los runas y ellos dijeron: "Queremos comer arbustos que están metidos dentro del agua". Entonces el Inca dijo: "Que cada año cosechen en la mar cochayuyo; los objetos agrietados, las vasijas rotas, y tantas cosas que están metidas dentro de la mar". Dicen que hasta ahora, también en Sibayo, se cuentan todo tipo de historias sobre el Pueblo Antiguo.

En Callalli preguntó de la misma manera a los runas: "¿Qué quieren?", Allí los runas dijeron: "Queremos casas bien grandes". Por eso el Inca mandó a hacer grandes palacios. Dicen que estos palacios se han convertido en las rocas que ahora aparecen. Hasta ahora la gente pregunta por qué dirán que los arbustos de tola hubieran podido ser comida de gente.

Cuando el Inca llegó a Caylloma habló con los runas que allí vivían. Entonces ellos le dijeron: "Que sea lo que tú quieras". Por eso el Inca no dejó ni arbustos ni nada para sembrar. Hasta hoy los cayllomeños se mantienen con el excremento. Recogen en unas angarillas excremento de llama para cocinarse por no haber arbustos.

Dicen que el Inca también fue a Tuti. Dicen que allí todavía había runas? comuneros de la época de los gentiles; y es más bien allí donde los runas tuvieron mucha fe en el Inca. El Inca incluso se quedó a vivir mucho tiempo, y con gusto puso toda clase de arbustos que se veían desde el cerro de Pumunuta. Dicen que hasta ahora hay en Pumunuta una cueva, donde muy adentro está colgando un tallo de maíz del tamaño de un hombre grande. También algunos dicen que en Tuti recién se empezó a sembrar desde el tiempo en que estuvo el Inca. Fuente: Autocolca

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